Estudio sobre el Amor
La lengua griega es una de las más ricas, y tiene una facultad sin rival para expresar los diversos matices del significado de un concepto, pues, como sucede con cierta frecuencia, dispone de series completas de palabras para ello.
Así, por ejemplo, mientras el español dispone solamente de un vocablo para expresar toda clase de amor, el griego tiene por lo menos cuatro.
Agape significa amor, y agapan, que es el verbo, significa amar.
Por tanto haremos bien en procurar descubrir todo el contenido de estas dos palabras griegas cuyas características distintivas podremos conocer si las comparamos con otras palabras griegas que también signifiquen amor.
1. El sustantivo eros y el verbo eran se usan principalmente para denotar el amor entre los sexos.Aunque también pueden utilizarse para expresar la pasión de la ambición o la intensidad de un sentimiento patriótico, característicamente son palabras que se emplean con relación al amor físico.
En castellano, el vocablo amante puede connotar cierta bajeza en la forma de amar; y, en griego, el significado de las palabras que estamos estudiando había degenerado a fin de representar hechos más vulgares.
2. El sustantivo storge y el verbo stergein tienen que ver especialmente con los afectos familiares.
Pueden utilizarse para expresar la clase de amor que siente un pueblo por su gobernante o una nación o familia por su dios tutelar, pero su uso regular describe fundamentalmente el amor de padres a hijos y viceversa.
3. Las palabras griegas más comunes para amor son el sustantivo philia y el verbo philein, y ambas tienen un halo de cálido atractivo.
Estas palabras encierran la idea de mirar a uno con afectuoso reconocimiento. Pueden usarse respecto del amor entre amigos y entre esposos.
La mejor traducción de philein es apreciar, la cual, incluyendo el amor físico, abarca mucho más.
Algunas veces puede significar incluso besar.
Estas palabras tienen en sí todo el calor del auténtico afecto y del auténtico amor.
4. Con mucho, las palabras más comunes para amor son el nombre agape y el verbo agapan.
Primero, estudiemos el sustantivo.
Agape no es en absoluto una palabra clásica, por lo que es dudoso que se haya utilizado alguna vez en el griego clásico.
A estas alturas, agape no ha llegado a ser todavía una gran palabra, pero hay indicios de que lo será.
Pero solamente podemos encontrar raras y dispersas apariciones de esta palabra, agape, que llegaría a ser la clave de la ética del pueblo griego.
Ahora volvamos al verbo agapan.
Este verbo se emplea en el griego clásico más que el sustantivo, pero tampoco es muy frecuente.
Puede significar saludar afectuosamente. Puede describir el amor al dinero y a las piedras preciosas. También puede usarse como expresión de estar contento con alguna cosa o con alguna situación. Incluso se utiliza una vez (Plutarco, Pericles 1) para describir a una dama de la alta sociedad acariciando a su perrito faldero.
Pero la gran diferencia entre philein y agapan en el griego clásico es que agapan carece del calor que caracteriza a philein.
Antes de estudiar detenidamente el uso que se hace de estas palabras, hay algo en torno a ellas y a su significado que hemos de tener en cuenta. ¿Por qué la forma cristiana de expresión se desentendió de las otras palabras griegas que significan amor y se centró en éstas?
Evidentemente, las otras palabras habían adquirido ciertos matices que las hacían inadecuadas.
Eros se asociaba definitivamente con el lado más vulgar del amor; tenía que ver mucho más con la pasión que con el amor.
Storge estaba muy vinculada al afecto familiar, pero nunca tuvo en sí la amplitud que la concepción del amor cristiano exige.
Philia era una palabra agradable, pero fundamentalmente denotaba calidez, intimidad y afecto. Podía usarse adecuadamente tan sólo respecto de nuestros allegados más amados. Por otra parte, todas las palabras ordinarias que significan amor expresan una emoción. Son palabras que se refieren al corazón y que ponen de manifiesto una experiencia que nos coge de improviso, sin buscarla, casi inevitablemente.
No podemos impedir amar a nuestros parientes (la sangre tira) y a nuestros amigos.
El enamorarse no es ninguna proeza; es algo que nos sucede y que no podemos evitar. No hay ninguna virtud particular en el hecho de enamorarse, pues, para ello, poco o nada consciente tenemos que hacer. Simplemente, sucede.
Pero agape implica mucho más. Agape tiene que ver con la mente. No es una mera emoción que se desata espontáneamente en nuestros corazones, sino un principio por el cual vivimos deliberadamente.
Agape se relaciona íntimamente con la voluntad. Es una conquista, una victoria, una proeza.
Este agape, este amor cristiano, no es una simple experiencia emocional que nos venga espontáneamente; es un principio deliberado de la mente, una conquista deliberada, una proeza de la voluntad.
Es la facultad de amar lo que no es amable, de amar a la gente que no nos gusta.
Pero sí demanda que tengamos en todo tiempo una cierta actitud mental y una cierta inclinación benevolente hacia los demás sin importarnos su condición.
¿Cuál es, pues, el significado de agape? El supremo pasaje para interpretarlo en la Biblia.
Ahí se nos manda amar a nuestros enemigos. ¿Para qué? Para que seamos como Dios, que hace caer su lluvia sobre justos e injustos, sobre buenos y malos. Es decir, al margen de cómo un hombre sea, Dios no procura para él sino su mayor bien.
Eso es agape, el espíritu que dice: "Sin importarme lo que un hombre, santo o pecador, me haga, nunca procuraré perjudicarlo ni vengarme.
Jamás buscaré para él otra cosa que no sea lo mejor."
Es decir, amor cristiano, agape, es benevolencia insuperable, bondad invencible. Como ya hemos dicho, agape no es meramente una ola de emoción; es una deliberada convicción que resulta en una deliberada norma de vida. Es una proeza, una victoria, una conquista de la voluntad.
Agape apela a todo el hombre para realizarse; no sólo toma su corazón, sino también su mente y su voluntad.
La lengua griega es una de las más ricas, y tiene una facultad sin rival para expresar los diversos matices del significado de un concepto, pues, como sucede con cierta frecuencia, dispone de series completas de palabras para ello.
Así, por ejemplo, mientras el español dispone solamente de un vocablo para expresar toda clase de amor, el griego tiene por lo menos cuatro.
Agape significa amor, y agapan, que es el verbo, significa amar.
Por tanto haremos bien en procurar descubrir todo el contenido de estas dos palabras griegas cuyas características distintivas podremos conocer si las comparamos con otras palabras griegas que también signifiquen amor.
1. El sustantivo eros y el verbo eran se usan principalmente para denotar el amor entre los sexos.Aunque también pueden utilizarse para expresar la pasión de la ambición o la intensidad de un sentimiento patriótico, característicamente son palabras que se emplean con relación al amor físico.
En castellano, el vocablo amante puede connotar cierta bajeza en la forma de amar; y, en griego, el significado de las palabras que estamos estudiando había degenerado a fin de representar hechos más vulgares.
2. El sustantivo storge y el verbo stergein tienen que ver especialmente con los afectos familiares.
Pueden utilizarse para expresar la clase de amor que siente un pueblo por su gobernante o una nación o familia por su dios tutelar, pero su uso regular describe fundamentalmente el amor de padres a hijos y viceversa.
3. Las palabras griegas más comunes para amor son el sustantivo philia y el verbo philein, y ambas tienen un halo de cálido atractivo.
Estas palabras encierran la idea de mirar a uno con afectuoso reconocimiento. Pueden usarse respecto del amor entre amigos y entre esposos.
La mejor traducción de philein es apreciar, la cual, incluyendo el amor físico, abarca mucho más.
Algunas veces puede significar incluso besar.
Estas palabras tienen en sí todo el calor del auténtico afecto y del auténtico amor.
4. Con mucho, las palabras más comunes para amor son el nombre agape y el verbo agapan.
Primero, estudiemos el sustantivo.
Agape no es en absoluto una palabra clásica, por lo que es dudoso que se haya utilizado alguna vez en el griego clásico.
A estas alturas, agape no ha llegado a ser todavía una gran palabra, pero hay indicios de que lo será.
Pero solamente podemos encontrar raras y dispersas apariciones de esta palabra, agape, que llegaría a ser la clave de la ética del pueblo griego.
Ahora volvamos al verbo agapan.
Este verbo se emplea en el griego clásico más que el sustantivo, pero tampoco es muy frecuente.
Puede significar saludar afectuosamente. Puede describir el amor al dinero y a las piedras preciosas. También puede usarse como expresión de estar contento con alguna cosa o con alguna situación. Incluso se utiliza una vez (Plutarco, Pericles 1) para describir a una dama de la alta sociedad acariciando a su perrito faldero.
Pero la gran diferencia entre philein y agapan en el griego clásico es que agapan carece del calor que caracteriza a philein.
Antes de estudiar detenidamente el uso que se hace de estas palabras, hay algo en torno a ellas y a su significado que hemos de tener en cuenta. ¿Por qué la forma cristiana de expresión se desentendió de las otras palabras griegas que significan amor y se centró en éstas?
Evidentemente, las otras palabras habían adquirido ciertos matices que las hacían inadecuadas.
Eros se asociaba definitivamente con el lado más vulgar del amor; tenía que ver mucho más con la pasión que con el amor.
Storge estaba muy vinculada al afecto familiar, pero nunca tuvo en sí la amplitud que la concepción del amor cristiano exige.
Philia era una palabra agradable, pero fundamentalmente denotaba calidez, intimidad y afecto. Podía usarse adecuadamente tan sólo respecto de nuestros allegados más amados. Por otra parte, todas las palabras ordinarias que significan amor expresan una emoción. Son palabras que se refieren al corazón y que ponen de manifiesto una experiencia que nos coge de improviso, sin buscarla, casi inevitablemente.
No podemos impedir amar a nuestros parientes (la sangre tira) y a nuestros amigos.
El enamorarse no es ninguna proeza; es algo que nos sucede y que no podemos evitar. No hay ninguna virtud particular en el hecho de enamorarse, pues, para ello, poco o nada consciente tenemos que hacer. Simplemente, sucede.
Pero agape implica mucho más. Agape tiene que ver con la mente. No es una mera emoción que se desata espontáneamente en nuestros corazones, sino un principio por el cual vivimos deliberadamente.
Agape se relaciona íntimamente con la voluntad. Es una conquista, una victoria, una proeza.
Este agape, este amor cristiano, no es una simple experiencia emocional que nos venga espontáneamente; es un principio deliberado de la mente, una conquista deliberada, una proeza de la voluntad.
Es la facultad de amar lo que no es amable, de amar a la gente que no nos gusta.
Pero sí demanda que tengamos en todo tiempo una cierta actitud mental y una cierta inclinación benevolente hacia los demás sin importarnos su condición.
¿Cuál es, pues, el significado de agape? El supremo pasaje para interpretarlo en la Biblia.
Ahí se nos manda amar a nuestros enemigos. ¿Para qué? Para que seamos como Dios, que hace caer su lluvia sobre justos e injustos, sobre buenos y malos. Es decir, al margen de cómo un hombre sea, Dios no procura para él sino su mayor bien.
Eso es agape, el espíritu que dice: "Sin importarme lo que un hombre, santo o pecador, me haga, nunca procuraré perjudicarlo ni vengarme.
Jamás buscaré para él otra cosa que no sea lo mejor."
Es decir, amor cristiano, agape, es benevolencia insuperable, bondad invencible. Como ya hemos dicho, agape no es meramente una ola de emoción; es una deliberada convicción que resulta en una deliberada norma de vida. Es una proeza, una victoria, una conquista de la voluntad.
Agape apela a todo el hombre para realizarse; no sólo toma su corazón, sino también su mente y su voluntad.
