Como el profesor dejo muy “abierto” el tema sobre el orden y el desorden se me ocurrió comentarlo desde una perspectiva económica que al mismo tiempo se relaciona con el nivel social…..
La Economía de Mercado no persigue la satisfacción social, sino el intercambio rentable como un fin en sí mismo. A medida que se expande la circulación mercantil, se acrecienta el poder del dinero. El dinero como mercancía se convierte en propiedad privada. La riqueza social, el poder social, hecho CAPITAL, se convierte en poder privado.
En la sociedad moderna, la forma dominante es el dinero. Podemos hablar de ORDEN en la medida en que el cálculo sea posible en términos de dinero. La racionalidad depende de la estabilidad de las magnitudes monetarias (Inflación, déficit público, tipos de interés, paridad de las monedas).El orden social no depende de la voluntad de las personas sino del dinero. Los individuos no somos sociables, lo que es sociable es el dinero, el Capital.
Se ha producido una ruptura entre el ORDEN basado en el dinero y el basado en las personas. La crisis no es la crisis de las personas sino el descontrol de los índices monetarios. Ese es el significado de considerar que "España va bien" cuando más de siete millones de españoles están parados, eventuales o subempleados.
Para que la racionalidad del dinero se imponga sobre las necesidades humanas y sociales y para que esto se acepte como normal, se necesita la intervención de grandes aparatos de coacción física y mental.
La alianza entre Capital y Trabajo llamada Progreso, exige la libertad de Mercado y de movimientos del Capital. Nos promete, con esta condición, bienestar para todos. Nada más falso. Y sin embargo, esto pasa por ser una verdad científica que organiza nuestra vida de forma inapelable.
La libertad, concebida como la satisfacción del deseo individual, se identifica con el dinero. Cuanto más dinero tengamos, seremos más independientes de los otros y por lo tanto más libres. La realización de las personas implica, por tanto, la separación respecto de los otros, la exclusión de los otros. El desorden que genera este modelo, sirve para legitimar la restricción de la libertad y la violencia estatal.
El Capital, cuyo origen está en el Trabajo, se presenta al revés, como creador de Trabajo. En realidad, no es el empresario el que crea puestos de trabajo, sino el trabajo el que crea puestos de empresario. Esta inversión exige la abstracción de lo humano. La vida sólo puede expresarse en el espacio que le permite el dinero, el Capital. Esta abstracción se impone como una dolorosa realidad para millones de personas.
La Fuerza del dinero está en su abstracción, negando la vida que no reconoce. Pero sobre todo, en el hecho de ser aceptado. La Fuerza, constructiva y destructiva, del Capital, es la furia de la abstracción real que le constituye. Su única debilidad es que la abstracción puede ser reconocida como tal y esto haría imposible su furia. Lo que la abstracción deja aparte y subyuga, puede volverse contra ella.